Cuando somos culpables, lo primero que intentamos hacer es evadir el fallo. Nos cuesta admitir que nos hemos equivocado, que ese no era el camino. Lo peor que se puede hacer en esos casos, es dar la situación por perdida, tirar la toalla. Aunque sí que es cierto que a veces, intentando enmendar el error, reconociendo nuestra culpabilidad, nos cansamos de luchar si no obtenemos resultados. Nadie puede estar pidiendo perdón eternamente.
Que siempre va a estar ahí esa sensación de impotencia, pero quiero pensar que, al igual que el ser humano pide perdón, también puede perdonar. Y que para eso estamos ¿no? Para superar los baches y no estancarnos en problemillas, malos entendidos y reproches eternos.
No sé, odio eso que se siente cuando se respira tensión, esos instantes en los que parece que cada molécula de aire se tiñe de angustia.