Vidas que se cruzan. Una sonrisa que se queda grabada para siempre en mi mente. Y todo vuelve a empezar de nuevo. El tono de tu risa, el ritmo de tu voz que se enreda entre mis deseos. Una caricia que se pierde en el vacío, y regresa puntual cada vez que mi corazón viaja a tu lado, cada vez que tu recuerdo aparece sin llamar ante mis ojos.
Todo comprimido en unos cuantos años; el tiempo suficiente como para dejar una quemadura en mi alma. Lo suficiente como para descubrir lo agridulce de la vida. Para reconocer el sabor de las lágrimas, a veces de felicidad, otras de desolación, y la mayoría de nostalgia.
Todo lo compartido ahora sirve para relacionar el frescor de la montaña con tu pasión por el senderismo; para que el viento con su fuerza me vuelva a transportar a nuestros intentos de orientación, buscando el sur y olvidando siempre el norte.
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