Azken finean gizaki hutsak gara...

miércoles, 8 de diciembre de 2010

D.

Y ahora, en la oscuridad de mi habitación, pienso. Pienso en él. Cierro muy fuerte los ojos y me imagino q le tengo delante, q puedo tocarle, incluso besarle. Su recuerdo va perdiendo nitidez con cada noche q pasa, pues ya son muchos los meses sin poder disfrutar de su presencia. Y lloro por no poder hablarle, lloro por todo lo q no hice, lloro porque alguien me ha robado mi máquina del tiempo, q tanto necesitaba. Y sufro porque siento que le pierdo por segunda vez, esta vez en mi memoria; sufro porque no pude alcanzar lo q tanto anhelé, sufro porque las lágrimas tienen un principio pero no un fin, porque esta opresión en mi pecho amenaza con hacerse más fuerte. Pienso en él, pienso en su sonrisa. Era una sonrisa alegre, nunca forzada, a veces tímida o nerviosa. Me gustaba verle sonreír, mientras dibujaba mentalmente el contorno de aquellos labios q me hacían soñar. A veces me daba la sensación de q me sonreía a mi, pero mas tarde comprobé q sólo miraba cómo las nubes se iban de viaje hace el país de los sueños.
Ahora mi alma vaga por los cielos, sola. Ya no hay sonrisa, ni labios, ni nubes; él se los ha llevado. Tampoco hay ilusión ni esperanza; el cielo se las ha quedado. Ahora vivo envuelta en niebla, ni siquiera puedo ver brillar las estrellas; él las apaga para q no puedan concederme deseos. Por eso me gusta tanto la oscuridad de esta habitación... donde no hay luz no se ve la niebla. Yo también, como Neruda, pienso que puedo escribir los versos más tristes esta noche...

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