La rutina, los quehaceres diarios, a veces, nos hacen ir demasiado deprisa.
Hay momentos en los que nos paramos a pensar, hacemos recuento y descubrimos que hay algo que hace que todo encaje entre tantas piezas diferentes que componen nuestro día a día.
Las idas y las venidas; los encuentros y las despedidas; los enfados, las sonrisas,... y en mitad de todo, la cuadrilla. Es una de las partes de mi vida que hace que todo tenga sentido. Nada sería igual sin ellas.
Muchas veces nos cuesta valorar las cosas que tenemos a nuestro lado, no nos damos cuenta del valor que tienen. Eso ocurre porque tenemos tan asumido el lugar que ocupan en nuestro mundo que no recordamos que están ahí porque quieren.
Por eso nunca está de más agradecerles su fidelidad, hacerles ver que sus palabras, sus consejos, sus silencios en esos momentos puntuales, fueron, son y serán necesarias para nuestro bienestar.
Tantas cosas por vivir, por sentir y por hacer...Con ellas.
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