Nos cuesta avanzar porque seguimos clavados en aquella arena que poco a poco fue llenando nuestra vida. En su momento dejamos que nos atrapara, y ahora, se nos escurre entre los dedos cuando tratamos de apartarla. Con el paso del tiempo se va haciendo cada vez más indestructible, más compacta. Y ahí quedan, esos pequeños granos de arena, comprimiendo nuestro presente.
Algo parecido ocurre con las heridas. Duelen los primeros días, intentamos curarlas, pero al ver que siguen ahí, acabamos desistiendo. A pesar de ello, el tiempo no pasa en vano, y convierte esas aberturas en cicatrices. y ¡qué ingenuos somos creyendo que esa herida está totalmente curada! De repente, sin previo aviso, vuelve la marea, y con ella, los recuerdos salados. Son esos que, a traición, se cuelan por las cicatrices, haciendo que todo vuelva a escocer. Y vuelta a empezar.
No me equivoco mucho al afirmar que vivimos presos del pasado, con esas cadenas que nos sujetan a no sé qué. Porque cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor, y más aún si el futuro nos está brindando millones de oportunidades. Aparta esa niebla que te impide ver más allá, y vive.
No hay comentarios:
Publicar un comentario