Azken finean gizaki hutsak gara...

miércoles, 20 de abril de 2011

Nudos.

Todo el mundo sabe q uno de mis entretenimientos más curiosos consiste en deshacer nudos. Los que más me gustan son esos tan difíciles q se forman en las cadenitas de oro o de plata. Alguna vez, es cierto, he encontrado alguno q se me resiste, pero casi siempre salgo victoriosa. La técnica para deshacer un nudo es sencilla: basta con encontrar un cabo del q tirar, un extremo, una de las vueltas, para q todo lo demás empiece a aflojarse. Dicho así parece muy sencillo, pero si se tira de la vuelta o del extremo equivocado, corres el riesgo de q el nudo, lejos de aflojarse, se haga todavía más y más fuerte, y termine por resultar imposible incluso para manos expertas como las mías. Pese a todo, no me gusta rendirme: a veces echo un poquitín de aceite sobre los nudos más rebeldes. Si esto no da resultado, estoy perdida. Podríamos decir q es mi último recurso.
Aquel problema se asemejaba bastante a uno de mis peores nudos q recuerdo. Hubo un momento en q parecía imposible deshacer el entuerto y volver a estar como siempre. Era como si estuviéramos reuniendo esfuerzos por tirar del extremo equivocado. En cambio, a partir de cierto momento las cosas empezaron a cambiar. Pusimos un poco de nuestra parte y contamos con algunas ayudas desinteresadas, de manera q el nudo imposible comenzó a ceder, y se aflojó, y se aflojó, hasta q no quedó recuerdo de él en la cadenita de nuestras vidas. No fue fácil, lo admito: hubo momentos en q temí q no seríamos capaces de hacerlo. Ahora me alegro mucho de haberme equivocado en eso.
Es lo q tiene deshacer nudos más difíciles: una vez lo has conseguido, sabes q ya ninguno se te resistirá nunca más.

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