Aunque caminemos hacia destinos diferentes, muy de vez en cuando nuestras sendas se cruzan, y en ese momento, que dura un instante, mis pies dudan. No saben si seguirte o continuar rectos por su camino empedrado. A lo lejos, desde tu perspectiva, se ve un maravilloso cielo azul que contrasta con el gris de mis pisadas.
Solo es un rato el tiempo que me dejas admirar tu vida. Me quedo varada frente al mar que esconden tus pupilas mientras me cuentas muy por encima los entresijos de tu día a día.
Y allí, en ese idílico cruce, hacemos un pacto con el tiempo, para que deje de ser transcendental, y nos permita disfrutar de nuestras sonrisas.
Pero nada dura eternamente, y toca el momento de poner los pies en el suelo, volver a mi ruta llena de piedras y continuar, procurando no echar demasiado la vista atrás, para no comprobar que tú ya te has esfumado sin ningún titubeo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario