Cuando la oscuridad se apodera de la habitación, uno recuerda quién es. Sobra la luz si todo está destruído, pues no hay oxígeno suficiente para encender la vela y mantener su llama. Todo está extinguido. Cualquier asomo de vida es pura ficción. El espacio se vuelve irreal y pierde su color. Y somos simples muñecos de trapo, una imagen que lo dice todo y a su vez esconde demasiado. Sombras, polvo y espejismos de lo que un día fuimos.
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