Cada día yo misma me demuestro que la vida es una montaña rusa constante.
Subidas y bajadas, idas y venidas, encuentros y despedidas, sonrisas y lágrimas. Que todos hemos sentido alguna vez cómo nos arrancaban una parte de nosotros, y más tarde, volvía de manera natural a nuestro lado. Porque ese "Hasta Nunca" no existe cuando están de por medio los sentimientos. Y todos los momentos compartidos no se pueden borrar en un abrir y cerrar de ojos. Sucede que a veces, sin saber cómo, algo te vuelve a erizar la piel. Un detalle, un mensaje, una sonrisa que ya no esperabas,...
Nada golpea más fuerte que la vida, no hay nada más cruel e impredecible, pero esas rachas de desolación, se complementan con regalos que solo la vida nos ofrece, y que a veces incluso nos cuesta aceptar por no sé muy bien qué motivos.
Así que, no hagamos la vida más complicada de lo que ya es de por sí, y aceptemosla tal y como nos viene. Compartiéndola con las personas que nos hacen recordar que ir por ella con una sonrisa merece realmente la pena.
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